EDUCACIÓN EMOCIONAL Envidias v/s Empatía – Moda v/s Propósito

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Por Arnaldo Canales B.

¿La educación emocional está de moda? Muchos estiman que sí y consideran que, como tal, pasará. Pero reflexionando sobre el significado de la expresión, la curiosidad me impulsó a contactar con la etimología de la palabra. Moda, deriva del francés “mode” palabra que a su vez se originó en el vocablo latino “modus” que significa modo o manera. La moda es un estilo utilizado fundamentalmente en arte, ya sea musical, de diseño de indumentarias, peinados, pintura, arquitectura, literatura, aunque también puede darse en cualquier aspecto de la cultura, como en la manera de hablar; que al imponerse promueven su imitación, condicionando las elecciones de las personas, en algunos casos, negativamente. Seguir una moda no está mal si coincide con nuestros propios gustos, de lo contrario atenta contra la personalidad y es muy común que se adopte entre adolescentes que están en búsqueda de su verdadera identidad. Si desde este lugar, la educación emocional se volviera una moda, podríamos garantizar al menos, que el impacto sobre las elecciones que tomarían las personas sería positivo. Las modas cambian periódicamente, muchas veces en forma radical, y son convencionales, en estrecha relación con los valores sociales, lo que no significa que sean siempre positivos, como en el caso de las figuras ultra delgadas o cuando decimos la corrupción está de moda.

Recuerdo lo que una vez me dijo un docente luego de finalizar mi charla; “Arnaldo nunca antes, había leído más portadas, títulos o publicaciones de educación emocional, estoy feliz de que se hable de ello, ya que el peor daño que tuvo la educación en Chile, fue haber eliminado los docentes normalistas, yo soy uno de ellos”. Podría concluir aquí que gracias a que la misma está de moda, la estrategia se está pudiendo masificar y con ello adquiriendo mayor adherencia profesional. Pero esta reflexión también tiene distintas miradas, si bien, no es frecuente que me encuentre con “detractores”, cuando hablamos de educación emocional y de las emociones en nuestra vida, nadie podría negar su urgencia para sumarla en la educación, sobre todo por lo que Chile está pasando hoy y menos decir, que no es importante para la vida. Es por esta razón, que la EE, más que una moda pasajera, debe instalarse en nuestra sociedad como un propósito a cumplir que nos lleve a salirnos de esta realidad que vivimos y que nos afecta, pero que nosotros mismos, hemos construido.

La palabra propósito deviene del latín “propositum”, que es la intención o el ánimo de hacer o dejar de hacer algo. El propósito también es un objetivo, algo que se quiere conseguir y que requiere de esfuerzo y de ciertos sacrificios. Puede tratarse de una meta relacionada con el desarrollo personal, o de la razón que hay detrás de una decisión difícil. En un nivel más profundo y trascendental, el propósito de un ser humano es el sentido que otorga a su vida. Quién soy, de dónde vengo, para qué estoy aquí y hacia dónde voy son algunas de las preguntas que los hombres intentan responder para encontrar el propósito de su existencia. Dichos interrogantes no esperan necesariamente una respuesta definida y precisa, sino que funcionan como el motor de la vida; la mera posibilidad de dar con las razones de nuestro paso por la Tierra es suficiente para continuar avanzando.

Desde nuestra Fundación Liderazgo Chile, trabajamos cada día, para que la Educación Emocional se vuelva un propósito educativo que ayude a generar buenos hábitos mentales y el desarrollo de las competencias emocionales de los alumnos, futuros adultos. También vemos la necesidad de generar la accesibilidad correspondiente a docentes, empoderados y directivos mediante una ley que garantice que esta estrategia que promueve elevar, no solo la calidad de vida de un individuo sino el rendimiento académico del mismo, llegue a todos y vuelva una realidad aplicable y no utópica. Sencilla, concreta y práctica, no terapéutica.

Durante este último tiempo también observamos que desde la envidia, algunas personas, han inculcado a gran parte de la sociedad educativa de Chile que la EE es una moda y que pronto acabará sumida entre otras herramientas no funcionales a los requerimientos del sistema, otros que hablan que es un adoctrinamiento de los niños y otros tantos que han elegido atacarme a nivel personal, declarando que la EE es un modelo conductista. En definitiva, lo han hecho basados desde sus interpretaciones, no desde sus experiencias o estudios científicos.

Es que no se dan cuenta que con solo empatizar un poco, con la realidad que estamos viviendo como sociedad, la EE se vuelve un claro camino a recorrer en el que, desde el entrenamiento de nuestras competencias emocionales y el conocimiento sobre cómo funciona nuestro cerebro, podemos obtener mejores acuerdos, mediaciones, conversaciones, acciones, etc. Pensemos; son las emociones displacenteras como la envidia, la aversión, la rabia, el celo, las desconfianzas, las que potencian la desacreditación hacia el otro y esto termina alimentando mentiras y una serie de prejuicios que nos limitan y enredan en falsos relatos que nos llevan a la desunión. Un resultado claro de este hecho es la creación de los famosos fake news social en las relaciones humanas, fíjense el impacto: una mentira tiene un 70% más posibilidades de expandirse que una verdad, pues moviliza tres emociones, la sorpresa, el miedo y la rabia v/s la verdad que solo generan tristeza en su gran mayoría. Eso valida que la mentira corre más rápido que una verdad. Y ahí entramos al juego, alimentando el morbo de nuestra sociedad.

Unos meses atrás, una destacada profesional de nuestro equipo (investigadora en dos importantes universidades de Chile) me contó, que la habían llamado para decirle que no trabajara en la fundación (menos conmigo) y que se “cambiara” a trabajar con otros profesionales (o de bando), diciéndole que éramos lo peor, de lo peor. Cuando me contó, pasado un tiempo y me indicó quien era, (no daré nombres, porque no es el tema de fondo), me di cuenta de que la EE también se instrumentaliza, ya que ese mismo matrimonio que venden juegos para habilidades socio emocionales para niños en colegios, había hecho todo lo contrario a lo que tanto ellos promueven: el ser asertivo, directo o simplemente, que por causa de la aversión, no fueran capaces de plantear alguna discrepancia, si no, volvieron a sus creencias, el cahuín chileno, desprestigiando en un mismo acto, al otro y al propósito. Pero detrás de eso, también estaba el negocio, ya que meses antes me escribían muy seguido para que yo conociera sus productos, que eran únicos y que era un gran juego, que los apoyara, ya que querían que lo vendiera a través de nuestro canales, cosa que a pesar de lo que se cree y como en todas las ventas, es complejo.

Hace poco, con Rodrigo Jordan, encuentro que se dio mientras participábamos en la toma de acuerdos para la representatividad de la sociedad civil frente al escenario que vive Chile con más de 100 ONG en la Fundación Colunga, coincidíamos que el ego y la envidia nos carcome a todos y siempre el individualismo predomina, a pesar que somos los “reyes” de verbalizar el compromiso, pocos lo traducimos en actos concretos, por lo tanto, crear conciencia que la EE debe ser parte de la educación Chilena, nos invita primeramente a seguir conociendo de que se trata y sensibilizando sobre su aporte, luego capacitando y haciendo de este proceso ojalá una política de estado, sobre todo cuando sabemos que más del 50% de las licencias médicas son por ansiedad, depresión o estrés, o cuando sabemos que el 50% de los presos en Chile inicia su carrera delictual a los 13 años o que registramos mas de 20 sentencias condenatorias en jóvenes anualmente y que tristemente hoy 3 de cada 5 jóvenes valida la violencia como medio para obtener lo que quiere. Otro dato alarmante es saber que tenemos la peor salud mental de los niños, por debajo de los 6 años (datos demostrados por las investigaciones del chileno; Felipe Lecannerlier, el mayor investigador de américa latina en apego y primera infancia) o para qué hablar de los adultos mayores y nuestro mundo laboral, solo recordar cómo impactan los estados emocionales de nuestros jefes en nuestra productividad, cómo el miedo, el desánimo, sumado a la falta de cultura del reconocimiento y horizontalidad en el trato, marcan una distancia importante en el compromiso laboral. Sabiendo que por el contrario, lideres con habilidades socios emocionales bien desarrolladas, generan compromiso, sentido de pertenencia, baja rotación, baja accidentabilidad, potenciando la creatividad, la innovación y por sobre todo generando más productividad en sus equipos.

Y con respecto a los que dicen que es moda, que si bien es así por lo mediático, más que una moda como digo, es una demanda, una necesidad, leería esta “moda” como un grito de ayuda de la misma sociedad que pide estrategias claras sobre cómo resolver los conflictos que nos vemos enfrentado día a día; como la impulsidad, el menos precio, la ira, la rabia, el individualismo, consumo de drogas, etc, En general todas las carencias que vienen, corresponden en parte, del modelo actual de educación. Por eso es bueno tener una mirada amplia y abierta, sin denostar al otro, ya que en la actualidad existen muchas iniciativas, modelos y programas muy valiosos y válidos que van en la misma línea, pero también encontramos, los que denominan a personas y sus propósitos de forma peyorativa. Evaluando la realidad del profesor Chileno y habiendo participado de forma diaria en reflexiones en distintos contextos, puedo decir que el docente se cansó de que le digan que hacer, está cansado que año a años, las ates, las otec, las consultoras y las mismas Fundaciones como la nuestra lleguen a darles las “recetas mágicas” de cómo hacer su trabajo. En personal, hablo de la educación emocional del SXXI, desde el modernismo, que empatiza con el docente, que quiere algo simple, práctico y aplicable, no significa que sea fácil, ya que la educación emocional, no es un trasplante de cabeza, es un trabajo de largo aliento, pero sin duda debe ser experiencial, sanar al niño interior, trabajar nuestras propias carencias emocionales y desarrollar habilidades emocionales que somos carentes, para así lograr este espacio tan vital y urgente que es devolver el vínculo emocional entre docentes y alumnos, sabiendo que sin emoción no hay aprendizaje.

Para concluir, adhiero a la idea de que si nuestro propósito está siendo “impulsado o promovido” intensamente por haberse vuelto una “moda” sentimos que quizá, luego de tanta envidia en nuestra sociedad, lo que sucedió es que se comenzó a empatizar más con el del lado y así tomando esa experiencia de vida, estamos ante la gran oportunidad de crecer como sociedad, cambiando viejos modelos y sistemas competitivos e individualistas, por otros más empáticos y colaborativos.

Hacia ese camino, queremos avanzar.

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